JUAN ARCADIO. Un homenaje


Mi amigo Juan Luis Rodríguez -luchador incansable por el cineclubismo, un legado de su padre Juan Arcadio- me pide que escriba en su propio muro (facebook) algunas palabras de mí con relación a este último. Por supuesto que acepto su solicitud, pero la extiendo además hacia mi muro, como una manera de difundir aun más la noble e importante labor de estos gladiadores, palabra que uso a pesar de mi resistencia a hacer épicas. 

A Juan Arcadio Rodríguez lo conocí mucho antes de verlo personalmente. A mediados de los años 70 los cinéfilos del país peleábamos por dos cosas importantes: la ley de cine y la subsistencia de los circuitos alternativos, pomposo nombre que le dábamos a los cineclubes. En el Pedagógico de Caracas, yo presidía uno de esos cineclubes y lo llamábamos, precisamente, Cine Club Charles Chaplin. No era fácil la vida para los cineclubes, tenían muchos frentes de ataques, entre ellos las propias distribuidoras comerciales y los partidos políticos dominantes. 

La actividad la coordinaba la FEVEC (Federación Venezolana de Centros de Cultura Cinematográfica y afines), cuyas reuniones se realizaban en el Parque «Arístides Rojas» de la Av. Andrés Bello. Nuestro cineclub, el Chaplin, enfrentaba una alianza MAS-AD que intentaba hacerlo desaparecer por el expediente de la ilegalidad, y era tema recurrente de las sesiones. Pero en la frecuencia competía con otro cineclub del interior, coincidencialmente homónimo, dirigido en Barquisimeto por alguien a quien nos acostumbramos a mencionar por sus dos nombres sin incluir el apellido: Juan Arcadio.

Apenas terminada mi carrera de profesor de matemática, me toca laborar precisamente en Barquisimeto. Venía pensando más en matemática que en cine pero, sin embargo, una de las primeras cosas que hice fue asistir a las funciones del Chaplin para conocer personalmente a Juan Arcadio. Me sorprendió su adustez, lo que me intimidó un poco y me impidió intentar una amistad algo más cercana. No obstante, participé -más como espectador, que como actor- en muchos de sus interesantes cineforos, bien manejados por él mismo o por cualquiera de los excelentes cineforistas con los que contaba. También recuerdo que muchas veces le dí la cola... éramos vecinos de la carrera 17 y aprovechaba esos momentos para conversar sobre la película o sobre el cineclubismo en general. 

Hay una anécdota de él que no puedo dejar de contar. En una ocasión presentaba la película Mississipi en llamas en el Colegio de Abogados. Asistí a la misma con mis dos hijos, que tendrían nueve y ocho, respectivamente, y su primito de siete. Una señora algo encopetada exclamó medio indignada: «¿Esos niños van a ver esa película?». Antes de que yo pudiera contestar algo, Juan Arcadio le dijo severamente: «Esos niños andan con su papá». Esa respuesta contestó para mí algo que me preguntaba desde hace algún tiempo: ¿Cuál es verdadera naturaleza de la censura? Juan Arcadio me hizo comprender que no es otra que el miedo: el miedo a no saber contestar, el miedo a tener que explicar, el miedo a carecer de respuestas. No sabe Juan Arcadio cuánto le he agradecido ese momento toda la vida.

Autor: 
Douglas Jiménez 

Matemático, profesor universitario y experto en calentar butacas de salas cinematográficas; actividad algo disminuida en beneficio de los medios magnéticos. El cine como afición algo viciosa.

Fuente:
https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=10216731283730269&id=1107195325

La Mirada de HAL es un espacio de opinión sobre cine. El blog de Iribarren, como una contribución al desarrollo de la cultura cinematográfica, ofrece este medio para el planteamiento y la discusión de ideas con relación al séptimo arte. Sin embargo, las opiniones emitidas en este espacio son responsabilidad únicamente del autor.