«HER» de Spike Jonze: una expresión de amor cibernético en la soledad del hombre


«La Soledad a veces se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad de compartir cosas es evidente».
                                                                  Carmen Martín Gaite
(novelista española)
El film «Her» es un drama dentro del género de la ciencia ficción. Siendo este género no solo referido al espacio sideral, a extraterrestres y alienígenos. Hay otros tipos de ciencia ficción, y este film de Jonze, es una ciencia ficción reflexiva y filosófica que roza cercanamente con nuestras existencias más próximas. 
Theodore Twombly (Joaquin Phoenix) personifica a un tipo afable, cordial, y de gran sensibilidad, que dentro de su enorme soledad, esta atado a un recuerdo que no suelta ni quiere soltar, y en búsquedas de nuevas relaciones no asume el reto de cambiar. Entonces se adapta a un sistema operativo de inteligencia artificial que ofrece amistad e intimidad mediante una voz. Así a vuelo de pájaro, es el argumento de este film, que por su puesto posee varias variantes, presentando un futuro de híper dependencia informática, y manifestándose un sentimiento de contención emocional que se va desamarrando, a su propio encarcelamiento de emociones. 


Una película necesaria en su carácter, altamente realista y crudo por dentro. Jonzie narra la integridad de los sentimientos verdaderos, y con ello completarnos como seres humanos. Una vez encontrado eso, mantenerlo, sopórtalo, o simplemente apropiarse de ello. 
Es preocupante sentir y ya lo estamos viendo desde hace pocos años, el aislamiento que provoca el exceso de información, provocando una falta de comunicación, donde los 5 sentidos humanos se palpen frente a frente, con la mirada, los gestos, el toque o calor del abrazo. La comunicación celular y/o cibernética, fuera de las bondades que ésta también ofrece como servicios, también peligra con la desquiciante dependencia con la que cada uno podemos tener de ella, es palpable en nuestras familias, cuando vemos a familiares cuando uno les habla, que están como autómatas pegados al chateo telefónico, o de la computadora, perdiéndose ese calor de comunicación humana. 
“Her” es una especie de radiografía abrumadora, en tiempos de la informática que domina todo, o la sociedad que se ha dejado dominar por sus tentáculos de facilismos, ofreciendo un sistema a gente con necesidades de estar llenos de algo, siendo la voz del programa un prototipo de mujer ideal, inteligente y perfecta, que entiende todos los recovecos desequilibrantes humanos, y los ayuda a enderezar algo que en la vida real no existe, pues nadie es perfecto, y enamorándose de un ente irresistible, a una voz cuyo nombre es Samantha (Scarlett Johansson), joven, amable, cristalina y sensual, habilitado para amar igual o más sin saberlo siquiera,  que desarma inclusive al mismo sistema de voz; pero que al final le enseña a Theodore a liberarse de sus prisiones. 
Es uno de los mejores guiones del cine de lo que va del nuevo siglo, hablando de manear, muy original e inteligente, todo acerca del amor y el desamor. Esta película se destaca además en su lenguaje cinematográfico; por utilizar una paleta de color que resalta ante los ojos de todos los espectadores. Sus imágenes son limpias y mezcladas con luces vivas, que envuelven al espectador. Todo es elegante, pulcro, con preponderancias de colores pasteles y vivos, y un manejo de cámara con excelentes giros, vistas cenitales, la elegancia de las ciudades ultra modernas, y travelling destacados. 
La arquitectura de diseños interiores hacen recordar a la arquitectura de Mies van der Rohe, arquitecto alemán que realizó técnicas estructurales avanzadas, con diseños innovadores con acero y vidrio. No queriendo decir que esta influenciado por ello, sino que se palpan en sus estructuras, con los colores primarios y el beige. Al final «Her» es un trabajo que envuelve lo fundamental de los sentimientos máximos, en una película que es máxima.

Autor: 
Henry Lara Castellano

Artista Plástico. Licenciatura en Educación (Arte) Universidad Simón Rodríguez. TSU en Diseño Civil (Instituto Universitario de Tecnología Región Capital) 1989. Realizó estudios de Arte Puro en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas (Caracas). Estudios en talleres de cine del CONAC y Laboratorio Abigaíl Rojas (años 80). Artículos de Arte, en la Sección de Cultural de la Revista Sambil 2006 al 2010, Artículos en la Revista de Cine “Moviola” y “Cinerama”, Ilustrador y artículos en el diario dominical del diario “Ultimas Noticias” 1990-1994. Profesor de Dibujo Analítico e Historia del Arte en diversas instituciones de Diseño en Caracas (Años 90). 

Video/Fuente: 
Cinescondite Rises 
La Mirada de HAL es un espacio de opinión sobre cine. Iribarren Films, como una contribución al desarrollo de la cultura cinematográfica, ofrece este medio para el planteamiento y la discusión de ideas con relación al séptimo arte. Sin embargo, las opiniones emitidas en este espacio son responsabilidad únicamente del autor.

EL ENEMIGO


Al cine venezolano lo asecha un enemigo que amenaza su permanencia en el tiempo. No se trata de las omnipresentes distribuidoras, tampoco el oligopolio descarado que llena la cartelera de basura virtual. El enemigo se incuba en las aulas de clase de nuestros liceos, colegios, universidades y -lo peor- en nuestros hogares. No podía ser de otra forma. El deterioro de nuestra educación pública y privada nos induce a ignorar los valores implícitos en las artes en general. El estudiantado no posee las herramientas intelectuales que le permitan acercarse al fenómeno cinematográfico con un mínimo de sentido crítico.
Pero no es sólo el cine, son las artes en general: música, pintura, escultura, artes plásticas, literatura, etc; las arropadas por esta sombra ominosa. Es indudable que una nueva moral se esta gestando a nivel planetario.
El cine, como todas las artes, posee sus claves y su lenguaje. Estos no son difíciles de entender o comprender. Pero en un país donde la especialidad de humanidades esta desapareciendo del pensum de estudios, es claro signo de que algo esta pasando y cambiando para las futuras generaciones de estudiantes del bachillerato.
Ante esta realidad, son las instituciones -públicas o privadas- que tienen al cine como su eje, quienes deben tomar cartas en el asunto. Son los talleres, cursos, charlas, conversatorios, exposiciones, eventos, festivales, las armas para paliar las deficiencias educativas. De igual forma, serán estas armas las encargadas de generar un movimiento de interés hacia el cine de calidad en la masa estudiantil y público en general.
De nada vale destinar grandes recursos a formar actores, guionistas, directores de arte, camarógrafos y toda la parafernalia del cine, largometraje o cortometraje, si no se cuenta con un público que pueda apreciar tan grande esfuerzo. Por lo tanto, son las academias, cines de arte y ensayo, salas comunitarias, bibliotecas, salones de lecturas, cineclubes, universidades, consejos comunales, etc; los llamados a difundir estos conocimientos con el fin de preparar una nueva generación preocupada por el quehacer cultural.
Al principio dije que el enemigo estaba en casa. La misma generación que hoy se debate en su ignorancia; se convertirá en los padres del mañana que le darán otra vuelta a la rueda de la incultura y la ignorancia.


Autor:
Pablo Arapé


Cineforista

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«Wittgenstein» o cómo hacer buen cine con escasos recursos


Lo primero que me llamó la atención fue la recomendación Facebook de Carlos Rojas: desconocía que hubiera un film dedicado a Ludwig Wittgenstein. Todavía no he podido leer la biografía de él -escrita por Wilhelm Baum- que compré en el año 98; me hace recordar con particular intensidad una traviesa parodia de Lewis Carroll acerca de la sequedad de un libro de historia primaria, apenas en el tercer capítulo de Alicia en el país de las maravillas. Así que me imaginé (o traté de imaginarme) cómo se puede hacer una biografía filmada (biopic) de alguien tan poco espectacular. No obstante, recordaba las escenas iniciales de Los crímenes de Oxford de Alex de la Iglesia, dedicadas justamente a nuestro filósofo de marras, absorto -cual moderno Arquímedes- en la redacción de su Tractatus en medio del fragor de la batalla, en plena Primera Guerra Mundial. Quizás haber participado en una guerra -redactando entre disparo y disparo, una de las más grandes obras de la filosofía del siglo XX- y ser homosexual -en una época en la que no se soñaba siquiera que podían tener derechos- daría material suficiente para lo que la gente suele ir a buscar dentro de las salas de cine: espectáculo. 
Más no contaba con que la película fue dirigida por Derek Jarman (1942-1994), cineasta que -hasta este momento- no había hollado los amplios terrenos de mi ignorancia. Indago sobre él y lo consigo defensor de los derechos de los homosexuales, así como prematuramente muerto a sus 52 (un año después de filmar la cinta que nos ocupa), producto de la plaga del siglo: el sida; puede uno imaginar entonces que las sospechas estaban bien fundadas. Pero eso es desconocer la inteligencia de Jarman... que no era poca. 
Wittgenstein es un montaje cinematográfico absolutamente teatral; asistimos a una obra de teatro filmada y vemos escasamente -sobre un fondo negro permanente- lo imprescindible para comprender la escena que se nos ofrece. Si hace falta un piano, solo estará presente el piano, el pianista y el reducido grupo que hace de auditorio, nada de grandes habitaciones con fastuoso decorado: el minimalismo llevado a su máxima expresión. A Jarman se le fue su escaso presupuesto nada más en pagar a los actores, entre los que contó a Karl Johnson (de parecido impresionante al propio filósofo que encarna), Michael Gough (Bertrand Russel), John Quentin (Maynard Keynes) y una muy solvente Tilda Swinton (Lady Ottoline Morrell). En la ilustración a la izquierda, vemos primero al verdadero Wittgenstein y luego a Johnson representándolo (1)
A partir de la narrativa de un niño Wittgenstein, que se autorreconoce como infante prodigio, penetramos en la intimidad de una familia Wittgenstein -escandalosamente rica, según su propia visión- y algo disfuncional, al punto de que tres hermanos mayores acaban su vida por voluntad propia. En escena entra un marciano -verde, como deben ser los marcianos, aunque no hayamos visto a ninguno- que entabla debate filosófico con el precoz niño. Los aspectos del debate provienen de la propia obra del filósofo pero -si no los rechazamos por su profundidad intrínseca- moldean una obra perfectamente comprensible, sin necesidad de conocer los escritos del protagonista. Por supuesto, conocerlos hará mayor el disfrute. 
El resto consiste en seguir la evolución vital e intelectual del austriaco, en planos muy lineales, cortados por los flashbacks que nos devuelven a niño y marciano. Su intento de hacerse ingeniero aeronáutico; su participación en la guerra; las inquietudes por su origen judío; su fallida experiencia docente como maestro de primaria, incapaz de entender las dificultades de su aterrado auditorio; su homosexualidad; su intento de emigrar a la Unión Soviética; sus dos etapas filosóficas (el primer y segundo Wittgenstein); sus acaloradas discusiones sobre el lenguaje y su relación con el mundo, en Cambridge con Russell y sus propios discípulos y finalmente su fallecimiento. 
El fin de su vida es testificada solo por el marciano, ya despojado de su verde, esto es, convertido en un ser humano con todos los problemas que puede tener un ser humano que reflexione. Al comunicar, después de una presentación cuántica, la muerte del personaje, termina con esta reflexión: «La solución del enigma de la vida en el espacio y el tiempo, está fuera del espacio y el tiempo. Pero como todos sabemos, no hay enigmas. Si una pregunta se puede formular, también se puede contestar». 
Insisto: la película -a pesar de sus escasos recursos- mantiene el interés de principio a fin. Bello ritmo, sin estridencias y sin facilismos. Este enlace permite bajarla directamente de YouTube, pero al final se advierte al espectador sobre la conveniencia de comprarla si se disfrutó de ella. Yo debería buscarla, ojalá la consiga. 

(1) Las imágenes descritas y otras más solo están presentes en la publicación original.

Autor: 
Douglas Jiménez 

Matemático, profesor universitario y experto en calentar butacas de salas cinematográficas; actividad algo disminuida en beneficio de los medios magnéticos. El cine como afición algo viciosa.

Fuente:
Cine-mática

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