ISABEL CAROTO: «El cine me buscó a mí»


El cine y sus protagonistas (2016)

Se ha dicho muchas veces que las mujeres tienen una sensibilidad especial para el cine. Realizadoras, actrices, directoras de fotografía, productoras, difusoras, editoras, guionistas, etc., conforman una larga lista de mujeres cineastas. Sin embargo, muy pocas veces conocemos personas que desempeñen muchos roles dentro de la actividad cinematográfica. Para orgullo de Lara, en Barquisimeto contamos con una mujer polifacética y de una pasión tal que la convierten en una cineasta en el más amplio sentido de la palabra. Estamos hablando de Isabel Caroto.  

Isabel, eres egresada de la UCAB en letras y luego, entiendo, hiciste posgrado en cine y televisión. ¿Qué te llevo a dedicarte al cine? 
Fue una pasión que fue creciendo porque yo no busqué el cine, el cine me buscó a mí. Y se fue dando como por etapas en mi vida que yo considero azarosas y que marcaron definitivamente mi rumbo. Me encantaba la monumentalidad de esas imágenes que se me metían en el alma cada vez que iba al cine. Esa atracción me llevó a querer estudiar comunicación, porque no había para ese entonces ofertas académicas de realización cinematográfica pero no fui aceptada en la UCAB por la demanda y decidí estudiar letras -carrera que jamás había tenido como posibilidad- pero que después comprendí me permitiría tener una mejor formación para escribir guiones cinematográficos. El azar me llevó hasta allí. Mi segundo momento fue encontrar de manera casual unos estudios de especialización en cine y televisión que dictaba la Universidad José María Vargas. Enseguida me inscribí y allí conocí a profesores maravillosos y a quien sería después mi esposo Luis Girón. Quien sin duda alguna fue mi mentor y hasta providencial su aparición en mi vida. Ya él había fundado la escuela y al mudarme a Barquisimeto sus ideas también se hicieron las mías y juntos con un equipo maravilloso empezamos a escribir este pedacito de historia del cine en Lara. 

Se necesita mucha pasión para hacer todo lo que haces. Eres realizadora, docente y estás al frente del Festival de Cine de Barquisimeto. ¿Qué cosas relevantes nos puedes contar de cada faceta desempeñada? 
Si, pasión y voluntad inquebrantables. Han sido muchos los tropiezos pero cada faceta la disfruto enormemente sobre todo la de docente. Me nutro de la experiencia de los jóvenes, vibro con sus inquietudes y deseos. Enseñar es un trabajo que implica mucha responsabilidad porque uno es ejemplo ante ellos y cuando impartes materias que tienen que ver con lo creativo es mayor la exigencia porque debes facilitar conocimiento y a la vez infundirles mucha seguridad en lo valiosas que pueden ser sus ideas. Como realizadora aún creo que me falta mucho porque creo en la práctica y estudio constantes como secreto del éxito y las otras actividades me quitan tiempo para dedicarme exclusivamente a la realización. Es una faceta maravillosa y compleja porque te permite expresarte de otra manera, más íntima, más humana y más libre. Pero si el universo lo permite quiero el próximo año hacer algunos trabajos que he postergado. Y como organizadora del festival, siento cada vez mayor responsabilidad porque ya tiene doce años y la meta es que continúe por muchos años. No soy yo sola, hay todo un quipo valioso que ha estado conmigo prácticamente todas las ediciones -y aunque mucha gente maravillosa se ha tenido que ir- queda una generación de relevo enamorada de este proyecto que queremos mejorar cada vez más para convertirlo en referencia nacional y en un evento emblemático de la ciudad. No es fácil combinar las tres facetas -y otras- pero la vida ha sido generosa conmigo desde ese punto de vista y todas me producen felicidad. Estas facetas las combino también con la de pintar, que es una pasión recién descubierta que me encanta, con la de servir a la ciudad en lo que me necesite, como parte del Consejo Consultivo de la ciudad de Barquisimeto, como Coordinadora del Sistema Nacional de Festivales y Muestras de Cine en Venezuela y como una de las Directoras de la Fundación Larense para las Artes. 

Te especializas en la escritura de guiones como materia de enseñanza. De acuerdo a tu experiencia, ¿qué aspectos son más difíciles de enseñar y aprender con relación a la escritura de guiones? 
Definitivamente el espíritu que subyace en las historias. Tanto el que corresponde a la historia en si, como al desarrollo dramático de los personajes. Quizá podríamos definirlo como la atmósfera, esa especie de magia que no solo tiene que ver con ambos elementos historia y personaje sino con ese tema que se conecta contigo de manera definitiva. Es lo que está fuera de la historia y que por supuesto se complementa con una excelente dirección. 


Como realizadora te iniciaste escribiendo y dirigiendo Amábilis, una producción larense, y más reciente fuiste asistente de dirección en Carga Sellada de Julia Vargas, un filme boliviano hecho en coproducción con Venezuela y otros países. Como resultado de ambas experiencias, ¿qué aspectos consideras fundamentales debe tomar en cuenta en la actualidad un realizador para enfrentar un proyecto audiovisual? 
Aspectos a tomar en cuenta específicamente como realizador es el equipo de trabajo. Creo que es fundamental. Debes conformar un equipo que trabaje en sintonía con tus sueños y con tus deseos. Debes conocerlo, hacerlo parte de tu proyecto desde la idea hasta la puesta en escena. El cine como trabajo creativo y además colectivo, puede ser una experiencia maravillosa y en otros casos convertirse en un viacrucis. Por supuesto hay otros aspectos como el financiero pero el realizador le deja al productor ejecutivo esa enorme carga que significa conseguir los recursos completos para culminar la película. Enfrentarse a un proyecto audiovisual sin los recursos completos puede significar la ruina del director, de su equipo y de la película. 

El Festival de Cine de Barquisimeto es uno de los más antiguos del país. En la actualidad se celebran muchos festivales y muestras de cine. Con tantos eventos, ¿hacia dónde crees debe ser encausado el esfuerzo de estas actividades, más allá de promover y valorar la producción cinematográfica en Venezuela? 
A impulsar la formación cinematográfica por un lado y a motivar un mayor crecimiento de espectadores. Existen pocas escuelas de formación en el país y estos eventos han incentivado de alguna manera el interés de muchos jóvenes en incursionar en la realización cinematográfica. Mi experiencia en Lara me confirma que los festivales pueden ser plataformas importantes de impulso para lo académico. Hace años era impensable tener en las regiones directores, productores o guionistas reconocidos impartiendo talleres. Los festivales han llenado ese vacío y han estrechado esa brecha entre los hacedores de cine y las nuevas generaciones. También los festivales han permitido que la gente acceda a su cine, a sus creadores y lo sienta cercano. En consecuencia lo aprende a valorar, y lo incentiva a participar. Por ejemplo, en el recién finalizado festival lo experimenté y me emocionaba ver a la gente por ejemplo, acercándose a Miguel Ferrari para felicitarlo y para darle la bienvenida a la ciudad. Me pareció hermosísima esa conexión entre un hacedor de cine y sus espectadores. 

Finalmente, tú y tu esposo, Luis Girón, llevan muchos años trabajando en pro del desarrollo del cine larense. ¿Qué nuevos proyectos tienen en mente y cómo ves el futuro del cine en nuestra región? 
Proyectos siempre tenemos en mente, unos factibles otros no tanto. Pero soñar es parte de nuestra experiencia de vida, es nuestro oxígeno. Todo el equipo que conforma el CIECA está en constante innovación y en primera instancia nuestros proyectos siempre están enfocados en mejorar la escuela y ampliar su oferta académica. Asimismo, queremos -a pesar de la actual coyuntura económica- fortalecer el área de producción y desarrollar proyectos en el área de innovación tecnológica así como fortalecer el festival con otras propuestas programáticas. Sobre el futuro del cine en Lara, yo siempre soy optimista. Si bien enfrentamos una crisis que frena el desarrollo de nuevas iniciativas poco a poco se ha ido gestando un movimiento que no existía hace años. Queda mucho por hacer, mucho por enfrentar y mucho por labrar pero cada vez más hay más gente que quiere hacer cine, que cree en el cine como herramienta transformadora. Lara tiene talento humano excepcional y en ellos está depositada mi esperanza y mi certeza.

Entrevista: 
Guillermo Chávez 
Fotos cortesía de: 
Isabel Caroto 
Autor: 
Ramón Méndez

La escena del jardín de Roundhay


Louis Aimé Augustin Le Prince es considerado por muchos historiadores como el verdadero inventor del cine, realizando sus primeras imágenes en movimiento en octubre del año 1888, en la obra titulada La escena del jardín de Roundhay de apenas dos segundos de duración, con la ayuda de una lente única y una película de papel.


Con La escena del jardín de Roundhay, y poco después con El Puente de Leeds Le Prince se adelantó varios años a otros nombres ilustres como Thomas Edison, que realizó su primera película en 1891 o los hermanos Lumière, que hicieron lo propio en 1892. Por desgracia Le Prince nunca fue capaz de realizar una representación pública en Estados Unidos, porque desapareció misteriosamente en un tren que unía Dijon y París el 16 de septiembre de 1890, sin que su cuerpo o su equipaje fueran encontrados. 
Le Prince creció en un estudio de un amigo de su padre, el pionero de la fotografía Louis Jacques Mandé Daguerre, de quien el joven Le Prince recibió lecciones relacionadas con la fotografía y la química. Su formación pasó a incluir sus estudios de pintura en París, y su posgrado en química en la Universidad de Leipzig, que le proporcionó el conocimiento académico que iba a utilizar en el futuro. 
En 1866 se mudó a Leeds (Reino Unido) donde años después pone en funcionamiento una escuela de arte aplicada que recibió el nombre de Leeds Technical School of Art y se hizo famoso por su trabajo con la fijación de fotografías de color sobre el metal y la cerámica.
En 1881 Le Prince fue a los Estados Unidos, allí construyó una cámara que utilizaba dieciséis lentes, siendo ésta su primera invención que fue patentada. A pesar de que la cámara era capaz de capturar movimientos, no tuvo éxito, ya que cada lente captaba el movimiento de un punto de vista diferente, y la imagen proyectada no salía exactamente como se esperaba. 
De vuelta a Leeds en mayo de 1887, Le Prince construyó y patentó una lente de cámara, que fue usada por primera vez el 14 de octubre de 1888 para filmar lo que acabaría conociéndose como La escena del jardín de Roundhay, la que probablemente sea la primera secuencia de imágenes en movimiento filmada en toda la historia. Después, Le Prince usaría la patente para filmar los tranvías eléctricos, los carros a caballo y a los peatones en El Puente de Leeds. Estos trabajos fueron luego proyectados en una tela en Leeds, convirtiéndose en las primeras exhibiciones de imágenes en movimiento. 
Fuente/Autor: 
Cine Magistral
Wikipedia
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